3.12.2007

when the levee breaks

En ciertos países extraños la ciudad 'capital' no es la sede de gobierno. Por ejemplo los holandeses decidieron nombrar capital a Amsterdam pero mantener parlamento, ejecutivo y corte suprema en Den Haag (La Haya). Inclusive la reina Beatriz tiene sus 'oficinas' allá, aunque no se muy bien qué hará en ellas.

Den Haag ha sido el centro político de Holanda desde hace siglos y toda esa historia de poder se encuentra condensada en el mítico Binnenhof. En siglos pasados el complejo del Binnenhof tuvo que soportar revueltas, tomas de poder, ejecuciones y todo tipo de pugnas políticas. En cambio en estos días sus patios contagian cierta serenidad, la que sin embargo es perturbada por manifestaciones como las de unos kurdos que reclamaban por su líder Ocalan. A pesar que la manifestación era pacífica, preferí alejarme temiendo que me tomaran ya sea por kurdo o por turco. Así que busqué refugio en el museo nacional de historia.

Parece ser que en todo museo los holandeses hablan de su tan famoso siglo de oro. Se nota que se sienten orgullosos de haber pasado de ser un simple territorio vasallo de España a una potencia mundial en tan poco tiempo. Si bien sus colonias nunca fueron muy extensas como las de España, Portugal o Inglaterra, estuvieron situadas en puntos estratégicos desde el punto de vista comercial. Una nación que vivía bajo el nivel del mar no podía sino convertirse en la dueña de los océanos. En cierto momento su poder era tal que llegaron a hundir la flota inglesa en Chatham, en la mismísma desembocadura del Thames! (la catástrofe mayor de toda la historia naval inglesa)
Pero las tragedias también tienen que ser recordadas, el museo conserva como macabro souvenir uno de los dedos de Johan de Witt, máximo líder de la república durante las guerras anglo-neerlandesas que fue salvajemente linchado por una de esas 'angry mobs'.

Por suerte no todo es guerra y muerte, casi anexo al Binnenhof se encuentra la Mauritshuis, museo dedicado a los clásicos Rembrandt, Vermeer, Jan Steens, Frans Hals y Van Dyck. A pesar de ser un museo 'pequeño', la Mauritshuis alberga obras capitales de la historia del arte mundial. Algunos de los más famosos autorretratos de Rembrandt, por ejemplo. Es curioso pero el maestro holandés de las sombras parecía tener cierta fijación por su rostro. Sería vanidad, o le daba pereza buscar otro modelo?, lo cierto es que se conocen más de 80 autorretratos suyos. Otra de las 'clásicas' es la 'Lección de anatomía', que por cierto es uno de esos retratos grupales que tan de moda estaban en el XVII. Solo por completista menciono también a la célebre 'Dutch Mona Lisa', la 'Muchacha de la Perla' de Johannes Vermeer.

Aprovechando que Den Haag atrae menos alboroto que Amsterdam, recorrí durante un rato el 'canal de la Reina' Koninginnegracht, pasando por embajadas de países extraños como Omán y Kazakhstán.
Después de una hora de caminata divisé unas gaviotas, el aire de mar se dejaba sentir. El barrio de Schevenningen es el sector 'playero' de Den Haag. Lógicamente en esta época las playas del Mar del Norte no se prestan para baños nudistas pero de todos modos es difícil igualar la ilusión que causa el sol cuando se acuesta en las sábanas del océano. Dicen que el sonido del mar es lo más cercano a la música que dio origen al mundo. Es bueno escucharlo mientras los pies se hunden en esa arena decorada con millones de diminutas conchas marinas.

3.11.2007

Here comes the flood

Cuando se mira una ciudad o un país desde el cielo es casi inevitable notar las marcas que los humanos dejamos. Ciudades hormiguero, pueblos fantasma, carreteras de la estafa, sembradíos transgénicos, puentes trillizos, etc. Pero un paisaje muy particular es el que se ve al llegar a las tierras de los Países Bajos, que aparte de bajos son escandalosamente planos.
Difícilmente se ve algún morro con ganas de convertirse en colina, por lo menos en la región costera de Holland u Holanda, cuyo nombre popularmente se usa para designar a todo el reino de los Países Bajos (Koninkrijk der Nederlanden)
Toda la planicie está cuadriculada por incontables canales artificiales, da la impresión que el lugar estuviese permanentemente afectado por severas inundaciones. Pero en realidad todo está bajo control. En la edad media los holandeses le quitaban terreno al mar bombeando agua con sus molinos de viento. Construían diques y canales, fabricaban islas y se daban modos para pactar la paz con el océano. Claro que las tragedias de las inundaciones han sido de todos modos una constante amenaza para este pequeña esquina de Europa. Pero desde la implementación del 'Plan Delta' el pueblo dutch parece sentirse seguro.

En la capital 'histórica', Amsterdam, el agua sigue siendo omnipresente. Los canales que definen la forma de la ciudad son todos artificiales y ya tienen varias centenas de años de experiencia en su función de avenidas acuáticas. Aunque hay espacio suficiente para autos, buses y tranvías, la horizontalidad extrema invita a los holandeses a preferir la bicicleta como medio de transporte. En cada calle hay una 'ciclovía' pintada en un tono rojizo, por la que ni los peatones tienen derecho a pasar. De las barandas de los puentes cuelgan decenas de bicicletas estacionadas, algunas de ellas evidentemente olvidadas como demuestra el musgo que las cubre. Amsterdam es ciclista y acuática. Lo dicen las estadíticas: cada año miles de bicicletas caen a los canales.
En Amsterdam todo está relativamente cerca. En la plaza principal, Dam, confluyen las turbas a todas horas. Allí está el Palacio Real, que alguna vez fue el palacio de gobierno de la República, durante el dorado siglo XVII de los Países Bajos. Luego fue palacio de Louis Napoleon durante la invasión francesa, para posteriormente convertirse en uno más de los palacios reales de la nueva monarquía de los Orange.
Aun lado del palacio está la Iglesia de Niewe Kerk, del período gótico bajo, aunque actualmente cumple funciones de museo. Luego de la reforma, la región de Holanda pasó a manos de protestantes, que durante la 'furia iconoclasta' procuraron desfigurar todas las imágenes de santos y otros personajes bíblicos que abundaban en las iglesias católicas. Los templos en muchos casos fueron abandonados y en otros como este, cambiaron totalmente de función. Extrañamente ahora se presenta una exhibición sobre Istambul y la cultura turca (islam incluido) en el interior de la Niewe Kerk. Pequeñas paradojas.



El siglo de Oro de los Países Bajos, el XVII, es el orgullo de este pequeño gran país. En aquel tiempo las compañías de coloniaje de las 'Indias' dominaban puntos estratégicos para el comercio. Llegaron a poseer colonias en el Caribe, Surinam, inclusive la futura New York, Sudáfrica, Bengala, Indonesia y China. En el famoso Rijksmuseum no se cansan de contar sus logros. Ese dominio hizo a los burgueses holandeses inmensamente ricos. Y por suerte el dinero propicia, aparte de innumerables vicios, el fomento a las actividades artísticas. Sin santos ni mártires que pintar, los encargos en aquella época tenían la finalidad de inmortalizar a los burgueses holandeses en solemnes pinturas. Es así que los retratistas estaban llamados a hacer su agosto. Uno de ellos era un tal Rembrandt van Rijn. Heredero del claroscuro de Caravaggio, gran maestro de la luz y revolucionario en la composición, Rembrandt recibía numerosos pedidos de retratos grupales. En ese tiempo estaba de moda 'amollar' para mandarse hacer un cuadro de colegas, especialmente grupos de guardia civil. El que pagaba más aparecía con mayor prominencia en el cuadro. El que no pagaba era simplemente ignorado. Uno de los lienzos más celebres de este tipo es la 'Ronda nocturna', del que libros enteros se han escrito. Alguna gente le ha clavado puñales y le han rociado ácido pero por suerte los restauradores hacen que no se noten mucho las cicatrices de esos ataques.
Se puede descubrir mucho más sobre Rembrandt en su casa. Mientras tuvo dinero vivió en una simpática casa en Amsterdam que ahora es obviamente un museo. El ocioso, entre otros pasatiempos, se dedicaba a perfeccionar la técnica del grabado. El mismo tenía una prensa en una habitación de la casa y pasaba horas probando y produciendo sus propias impresiones. Hoy un tipo se pasa el día en el taller de Rembrandt, mostrando en vivo todo el proceso. Cada quien con su vicio.

La casa de Rembrandt, como muchas en el centro de Amsterdam, fue construida también en el siglo de oro. Jordaens, Rubens, Van Dyck son otros nombres asociados a esa época de supremacía naval, comercial, política y artística. Pero todo tiene su fin. En 1672 'el año del desastre', Ingalterra, Francia, Köln y Münster invadieron la república. Si bien los holandeses lograron resistir la embestida, el golpe fue fatal. Las subsecuentes interminables guerras con Francia fueron aprovechadas por Inglaterra para hacerse dueña de los mares y terminar con la hegemonía holandesa. La república no se fue a pique, pero su influencia fue disminuyendo paulatinamente.

Mucho tiempo después, y en otras circunstancias, otro personaje holandés comenzaba a hacer historia. Un hijo de pastor protestante de nombre Vincent van Gogh. El tal Vincent trabajó durante como adolescente como vendedor de obras de arte hasta que un día le pareció que su vocación era ser misionero. A pesar que en estudios de teología y 'misionología' le fue bastante mal, Vincent estaba empeñado en ser pastor. Pero sus superiores eclesiásticos notaron que Van Gogh era un tipo extraño y su visión del cristianismo era poco ortodoxa. Así que lo echaron.
Es en esas circunstancias que Van Gogh 'decidió' un día volverse artista. Su carrera duraría apenas 10 años. Van Gogh sufría de problemas mentales y era un sujeto inestable. Sea como sea ese tiempo fue suficiente para hacer de Van Gogh uno de los grandes maestros de la pintura de los últimos siglos.
Un mueso entero está dedicado a su obra en Amsterdam, y supongo que es la colección más grande que existe sobre este post-impresionista. Para mi gran suerte una exposición temporal mostraba también el impacto de Van Gogh sobre la generación de los llamados expresionistas, especialmente los Vieneses de la Secession y alemanes del Blaue Reiter y die Brücke. Solamente durante el último año de su convulsionada vida, Van Gogh comenzó a ser notado en el medio artístico. Pero cuando comenzaron a hacerse exhibiciones póstumas el rumor se expandió y con los años gente como Kokoshkha, Macke, Marc, Kirchner, Heckel e incluso Klimt y Schiele comenzarían a revisar su catálogo.
El pincel de Van Gogh es marcado y espeso, impregnado de colores irreales. Más que de realidad, su obra está cargada de emociones, las más fuertes y extrañas, seguramente un reflejo de su tormentosa vida y de las permanentes crisis que lo azotaban. Con solo 37 años encima se pegó un tiro en el pecho y murió a los pocos días.

3.05.2007

Between the devil and the deep blue sea

El cielo es gris y tiene cara de lluvia. El latoso avión soporta sin mucho esfuerzo una serie de leves sacudidas que le ponen un poco de ritmo al descenso. -‘Que pena’ –dice un portugués sentado a mi izquierda. ‘Dejar los Alpes y encontrar un cielo más cerrado aquí en plena costa lisboeta!’

Desde la ventanilla la bienvenida la da el río Tajo, en cuya desembocadura se ha instalado desde hace algunos siglos la ciudad que hoy es capital y orgullo de los portugueses. Naturalmente ese liderazgo tiene antecedentes históricos de gran relevancia; principalmente la reconquista de Lisboa, ocupada durante siglos por los moros.




Justamente el ‘conquistador’ Alfonso Henriques, luego de acabar con el poder moro, se proclamó rey de Portugal, en plena edad media de cruzadas y leyendas de caballería. Su paso quedó marcado en Lisboa entre otras cosas por el impresionante Castelo de Sao Jorge, construido sobre una de las múltiples colinas que hacen de la capital portuguesa un eterno subir y bajar. Como casi todos los castillos medievales, su función ha mutado desde fortaleza hasta prisión, para convertirse finalmente en imán de visitantes y fotógrafos ingenuos que imaginan ejércitos y batallas épicas en medio de las piedras milenarias que sobreviven.

La vista desde el Castelo es cuando menos privilegiada. El barrio antiguo de Alfama decora las faldas de la colina del Castelo, con su arquitectura única y calles estrechas. Cada casa en Alfama es una pieza de museo, aunque los años han dejado sus trazas. Los azulejos vistosos que adornan sus paredes se confunden con el verdoso musgo que la humedad portuaria trae sin importar la estación del año. Pero es justamente ese sabor a vejez que hace cautivador al barrio de Alfama. A fin de cuentas es el barrio que sobrevivió al gran terremoto de 1755, que destruyó gran parte de la ciudad y sus antiguos tesoros e iglesias. Se cree que murieron más de 60 mil personas en ese fin del mundo anticipado, que fue sucedido de un tsunami y un incendio de gran escala.

Luego de semejante cataclismo el Marqués de Pombal – Primer Ministro de la época y figura clave en la historia de éste país- dirigió la reconstrucción de la ciudad bajo líneas urbanísticas y antisísmicas novedosas para la época. El barrio de Baixa es el resultado más célebre de ese esfuerzo. Las líneas rectas y amplias definen este barrio que hoy es el centro comercial y turístico de la ciudad, siempre abarrotado de gente multicolor.
Sin embargo la herida del terremoto nunca será completamente borrada. Algunas iglesias, como la del Carmo, no han sido restauradas y se mantienen como ruinas y testigos de la fragilidad de todas nuestras raquíticas empresas.

Algunas iglesias más afortunadas, como la catedral, aun pueden cumplir sus funciones. Otras como la enorme iglesia de Sao Vicente de Fora exhiben su claustro al público. En el monasterio están las tumbas de la última dinastía de los reyes de Portugal. Otro curioso detalle del monasterio son los elaborados azulejos que decoran casi todos sus muros con motivos e historias pintadas en azul, seguramente inspirados en el arte chino. Desde el techo del monasterio se puede contemplar el Panteón Nacional. Los huesos de personajes ilustres yacen bajo la enorme cúpula, aunque algunos solo simbólicamente, como los de Vasco da Gama.

El célebre navegante, responsable del descubrimiento de la ruta a Indias, está enterrado en el distrito de Belém, de donde los conquistadores partían a los mares en busca de gloria pero a costa de vidas e innumerables contingencias. Portugal es en cierta forma la cuna de exploradores atrevidos que se aventuraron a zarpar sin tener mucha idea de dónde llegarían ni de qué cosa encontrarían. Financiados por el infante Henrique el Navegante, los portadores de las banderas portuguesas llegarían primero a las Azores, luego a Madeira, Cabo Verde, Guinea, Ghana, Brasil, Cabo de Buena Esperanza (Cape Town), Goa (India), etc etc etc. Magallanes finalmente le daría vuelta al Globo, para completar la seguidilla de descubrimientos.
Inclusive algunas teorías indican que el explorador Corte-Real llegó a las costas de Terranova (Canadá) ante que Colón llegase a las Bahamas.

Un monumento relativamente reciente rinde homenaje al devoto infante Henrique y la tropa de conquistadores que hicieron de Portugal potencia mundial y colonizadora.



Toda esa historia de conquistas y hazañas se vive desde el distrito de Belém, especialmente en el Monasterio dos Jerónimos, donde los navegantes como Vasco da Gama recitaban sus últimas oraciones antes de partir hacia la incertidumbre de los mares. El monasterio y su iglesia son por cierto obras de increíble belleza y originalidad. El estilo es llamado ‘manuelino’ (en referencia al rey Manuel I) y combina elementos góticos y moriscos con complejísimos detalles y ornamento marítimo. Muy cerca del monasterio y con el mismo peculiar estilo ‘manuelino’ se levanta frente al río Tajo y en pose arrogante la torre de Belém. Concebida a la vez como fortaleza de defensa y monumento en honor a las grandes hazañas de los conquistadores, la Torre está armada de cañones disfrazados bajo la belleza de su ostentosa fachada.

Hoy ya no zarpan carabelas desde el Tajo, Portugal ya no es el gran imperio colonial ni la potencia naval de otrora. Pero sin duda el llamado de las olas sigue atrayendo aventureros a Lisboa, para dirigir este pequeño país entre vientos y mareas a puerto seguro.

2.16.2007

selling england

vEste año, movidos por la nostalgia y tal vez por cheques no despreciables, vuelve Genesis a las tablas. Bueno, al menos Genesis en su más exitosa y lucrativa versión. Lo que podría ser una agradable sorpresa en realidad tiene sabor a decepción para muchos. Y resulta paradójico que teniendo a los 5 'clásicos' en perfecto estado de conservación, los egos puedan más y nos presenten la encarnación 'light' de una banda que hizo historia.

No es por desmerecer a Tony Banks ni a Michael Rutherford; menos a Phil Collins. Pero la distancia entre la intrascendencia del 'Invisible Touch' y la minuciosidad de 'Foxtrot' es abismal. Imposible hacer desaparecer la mano precisa de Steve Hackett y la presencia absorbente de Peter Gabriel; y pretender que existe continuidad.

A diferencia de otros engendros musicales que tendrían que recurrir a la reencarnación para reunirse, Genesis tiene todo a la mano. Todos disponibles, todos en forma. Claro, con barba blanca hasta el suelo y rostro desfigurado, pero disponibles al fin.
Supongo que será una cuestión de libertades personales. Los caprichos de la hinchada no tienen que ser necesariamente complacidos....

Así que hay que conformarse con aquella gente que hace lo que desde hace siglos es la norma en la música llamada clásica. Interpretar. Revivir a Brahms o a Schubert está fuera de nuestra ciencia pero hay gente interpretando sus obras permanentemente. La interpretación es igual a la original, pero totalmente diferente. Y con eso vivimos contentos.

Del mismo modo, profesionales como 'The Musical Box' recrean a Genesis 72-75 con un grado de detalle que asusta. Provistos de instrumentos de la época: mellotron, hammond, rickenbakers dobles y un largo etc, hace cada solo, cada pasaje, cada nota como con libreto. Inclusive la flamboyante indumentaria gabrieliana es fielmente reproducida, flores, zorros y britannias incluidos. Las bizarras historias que sirven de entremés ente canción y canción tampoco escapan de las reconstrucciones, complementadas con la escenografía y juego de luces originales.

Es una experiencia primordialmente musical pero también visual difícilmente comparable a otro acto contemporáneo. El impacto es tal que los mismos miembros originales de Genesis han aplaudido. Rutherford ha ido incluso más allá y sostuvo que lo hacen incluso mejor....

Desde la intro a capella 'Can you tell me where my country lies', pasando por el piano de Firth of Fifth, la marcha triunfal del Epping Forest, el lawnmower y la inocentada de More Fool Me, hasta Romeo & Juliet en el Cinema Show, Selling England es un hito indeleble en la historia del ambiguo prog.
Y escucharlo en su integridad, junto a una selección de otras masterpieces tiene sabor a privilegio. Los ojos fosforescentes del Wathcer of the Skies, las 36 cuerdas del interminable Supper's Ready, el infierno del 666, Old King Cole y el tragicómico nursery crime; Es una historia tras otra, y es imposible escapar de ellas, te absorben desde el primer instante y exprimen tus sentidos, les obligan a sentir cada cuerda de la Les Paul de Hackett, cada beat de Collins y cada secuencia de Banks.

Pasarán algunas semanas hasta recuperarme de la conmoción. Por ahora sigo escuchando retumbar en mis oídos el gran final de The Knife: 'Martyrs of course to the freedom i will proviiiiiiiiiiiide'

1.01.2007

luces de la ciudad

Gente caminando por la acera que escolta la calle principal, aquella en la que los mostradores son grandes pantallas de televisión para la muchedumbre, que con buenas o malas razones se da cita allí cada día con disciplina marcial.


Dos adolescentes tan despreocupados y vivaces como la edad obliga, vendían periódicos en una esquina particularmente concurrida. Ninguna noticia especial, los mismos escándalos de cocina de cualquier otra jornada, mezclados con el barullo típico de fin de año.

Sabiendo que a esas horas de la tarde sería difícil que alguien no esté enterado de los chismes impresos, los dos muchachos preferían entretenerse con aquellos pocos seres miserables que en las absurdas e implícitas leyes de la sociedad tenían igual o menor rango que ellos.
Un diminuto y particularmente desgarbado personaje encajaba en esos estándares de manera perfecta. Pantalones demasiado anchos, atados al cuerpo por una especie de lazo y haciendo gala de varios agujeros. Un saco de un color difícil de determinar, demasiado pequeño, tal vez encogido por la vergüenza. El pequeño hombre caminaba lentamente, desplegando su falta razones por las cuales apurarse, y mirando siempre al suelo, en busca de alguna oportunidad perdida o derramada por un incauto.

Semejante ser indefenso se hizo el blanco perfecto para los dos mozuelos que comenzaron a practicar puntería con él, utilizando como armas unas pepitas inmaduras que recogían de un árbol cercano. Recordando que alguna vez alguien le habló de dignidad, el pequeño vagabundo trató de responder con coléricas reprensiones a sus agresores. Pero su berrinche no apaciguaba a sus contrincantes sino que les entretenía aun más. Resignado en su condición de leproso citadino, el vagabundo decidió bajar la guardia y seguir su camino, pisando lo poco que le quedaba de orgullo. A fin de cuentas, en medio del tumulto a nadie le importaba.

Una de las vitrinas vecinas albergaba una florería, de donde una doncella había observado el incidente. Consternada al ver al pobre indefenso, deslizó su mano hacia el bolsillo de su mandil, de donde extrajo una moneda de un franco y una pequeña florcilla. Salió hacia la puerta de su florería, por donde en ese instante arrastraba los pies el triste vagabundo. La doncella lo miró y le dijo: 'tenga, buen hombre, una flor para este día sin sol'. El vagabundo, sorprendido al escuchar la delicadeza de la voz de la dama, se detuvo en seco. Esas pocas palabras intentaban contrarrestar con heroísmo el rudo embestir de la ciudad, al que estaba ya estoicamente acostumbrado.
La miró, miró su rostro, queriendo encontrar el origen de esas palabras que por lo menos por un segundo le traían un poco de alivio. Pero al hacerlo su corazón y todo su ser se congelaron. La reconoció. Observó sus ojos y reconoció en ellos las ilusiones y sueños que mucho tiempo atrás habían sido la razón de su vida.

Extendió el brazo para recibir la florcilla y la moneda al mismo tiempo que la doncella extendía el suyo para entregárselos. Y luego de un segundo infinito las dos manos se tocaron y se sintieron la una a la otra. Y fue entonces que la mano de la doncella reconoció también esa piel tosca pero frágil que hace mucho tiempo le devolvió la esperanza que parecía perdida. Manos y ojos se reencontraron en aquel instante.

- 'puedes ver?' - preguntó el vagabundo
- 'ahora si puedo ver' - respondió la doncella

12.01.2006

The Body and the Flesh

A principios de los ochenta, en la incertidumbre musical de la década maldita, un hijo descarriado de los estándares progresivos lanzaba su última pedrada a las vitrinas de las disqueras. Peter Gabriel, en balsa solitaria desde fines de los 70s, había publicado 3 albums, todos bajo el mismo y originalísimo título “Peter Gabriel”. PG pensaba en sus álbums como capítulos de un mismo volumen, cosa que cobra algún sentido escuchándolos. Pero para fines de desambiguación, se les suele dar números (1, 2, 3) o populares nicknames: ‘Car’, ‘Scratch’ y ‘Melt’.

En la misma vena, el 4to trabajo llevó el nombre de su progenitor, así como un nickname popular: ‘Security’. Alternando menos fillers de los que se podría esperar, ‘Security’ revela algunos pasajes tétricos que por algún motivo se cuelan a menudo en toda producción gabrieliana. Cierto dramatismo cierra por ejemplo la sensible visión naturalista de ‘San Jacinto’, que refleja la obstinada perseverancia de quienes que espectan el inexorable fin de su era. ‘The Rythm of The Heat’, en un acento africano envuelve los sentidos en un bizarro y enigmático trance. O la climática ‘Wallflower’ y su explícita descripción de las prisiones de miedo y represión que nos obligan a convertirnos en lunáticos.

Pero tal vez el más oscuro rincón del ‘Security’ es ‘The Family and The Fishing Net’, una retorcida mirada a los intercambios de anillos, vestidos blancos y tortas de varios pisos. La letra en su integridad es una joya, combinada a una construcción musical no precisamente convencional e instrumentación dizque ‘electrónica’.

Silence falls the guillotine

all the doors are shut

Nervous hands grip tight the knife

in the darkness, till the cake is cut…

Una mente atribulada como la de PG se puede dar el gusto de hacer una analogía de ese tipo, y obliga a proyectar en el cerebro de los oyentes toda una grotesca serie de imágenes a medida que transcurren los 7 minutos de la pieza. La percepción ritual de la unión, llevada al extremo del absurdo por la voz de Gabriel nos quiere convencer sobre nuestra naturaleza tribal y el destino amargo de nuestras burdas nupcias.

Vows of sacrifice, headless chickens
dance in circles, they the blessed
Man and wife, undressed by all

their grafted trunks in heat possessed

Sin duda despiadado en la descripción de los eventos, ignoro los motivos para semejante ataque, pero me alegro de su existencia. Ácida interpretación gabrieliana sobre aquel paso al que tantos se ven confrontados día tras día:

Another in the Mesh…

11.26.2006

el refrito

Las insanas semanas que han pasado habrían acabado conmigo si no fuera por uno u otro orificio que logré encontrar entre los viernes y los lunes. Y así sucedió el anterior viernes, que me vio aterrizando una vez más en barcelona, junto al mediterráneo que hace soportable el otoño.

El punto de encuentro era en las afueras del Barcelona Teatre Musical, lugar dónde nos dieron las instrucciones y salvoconductos necesarios para infiltrarnos. Una vez adentro el daño ya estaba hecho.........................

Los aplausos del público -desbordante de latinos- recibieron a los salmos sectarios del Sendero de Warren Sánchez. Versículo LIX...
A pesar de los mil años que han pasado, el conjunto de instrumentos informales sigue presentándose en el mundo hispano en aforo lleno y éxito seguro. Si a la salida del teatro no se encuentra el libro 'Warren tiene todas la respuestas', en su lugar hay colecciones de DVDs de estos 5 (otrora 6 o 7) músicos que relatan 40 años de historia de absurdas genialidades.

les luthiers no podría ser sin Marcos Mundstock saliendo al medio del escenario, con el folder rojo en mano y el mirófono por delante. Ahora relata las aventuras del 7mo regimiento en Corea...
Con el bass pipe como cañón y la trompeta como casco de guerra les luthiers bombardean de nuevo.

Y en seguida presentan (je, en españa) la célebre Cantata del Adelantado Don Rodrigo díaz de Carreras..... cómo para recitarla de memoria e incluso detectar esos pequeños cambios y/o/u omisiones que se dan el gusto de hacer. Como por ejemplo el forzoso cambio del retirado Ernesto Acher por Carlos Nuñez en el papel de don Rodrigo.
Tolderías, come chingones, arullos puneños, canciones incantables, achicoria... todo el arsenal de la conquista ficticia que paradójicamente se hace tangible en una noche catalana.

San Ictícola, en una versión más encedida que cualquiera que se encuentre en DVD, permite a Jorge Maronna introducirse en un barril convertido en contrabajo y dirigirse a su comparsa de feligreses. Aunque sea en vano: "¡Veinte años que venimos a esta roca podrida a rezarle al muñequito!"

Y por supuesto tiene que haber un espacio para mostrar en pleno la virtuosidad y la amplia gama de instrumentos informales que le da sentido al nombre del grupo. 'Pepper Clemens' del único y célebre Johan Sebastian Mastropiero, es la excusa ideal. al ritmo del singular bass pipe de Daniel Rabinovich, Carlo López, Maronna y Nuñez hacen un trío de violines de lata, trío de flautas de pan hechas con tubos de ensayo, piano a 6 manos, coros y por supuesto trío de tablas de lavar con dedales.....un jazz más que particular.

Luego de una exquisita 'Quien conociera a María amaría a María', les luthiers cerraron con La Hora de la Nostalgia, con la presencia exclusiva del gran José Duval, célebre cantante de Music Hall...

Pero la gentileza del quinteto es tan grande que no renuncian al ya característico número 'fuera de programa'. Lopez Puccio Y Jorge Maronna rapean la degeneración de 'los jóvenes de hoy en día'.

un saludo a los 40 años de un noble oficio que, bajo el escudo de construcción de istrumentos informales, se encarga de mostrarnos el lado sonriente de las cosas. :)

11.11.2006

Living in The Material World

La década de los 70s fue escenario para marchas fúnebres consecutivas de las constelaciones sesenteras. Pero no se trató de una aniquilación repentina, producto de un meteoro gigante y arrasador. No. Fue muerte lenta y dolorosa, a veces en condiciones humillantes. Claro que en la farándula existen las aves fénix, que esperan el momento oportuno para el contra-ataque.

Un caso singular fue aquel de George Harrison, parte del trípode que sostuvo a la mayor banda de la historia. Su primer intento serio en solitario 'All things must pass' enmudecería a todos quienes antes habían criticado su previo silencio. El triple álbum no solo significó un éxito comercial sino musical. Una verdadera fiesta en la que participaban Clapton, los Dominos, el infaltable Ringo, Billy Preston, el fantasma de Klaus Voorman y Dave Mason. Todos bajo la batuta de un inspirado Harrison y la máquina spectoriana de producción.

Esa movida arriesgada pero felizmente efectiva del reservado ex-beatle fue seguida de un mega concierto que no hizo más que consolidar el momentum de su música. Obviamente me refiero a la presentación en el Madison Square Garden, cuya recaudación y posteriores ventas de soundtrack y film se dirigirían a obras de beneficencia (léase Concierto de Bangladesh). Oportunidad única de ver volver a George sobre la tarima luego de la controvertida renuncia de los fab-four a los escenarios en 1966. Y no solo eso: escoltado por Ringo y Jim Keltner en bata, siempre Klaus en bajo, Leon Russell y Billy Preston en teclas, Clapton con la viola y Bob Dylan como arma secreta (sacado del ostracismo, quién sabe cómo..).

Pero Harrison no era un rock-star cualquiera. La ultrafama le traía a la mente el torbellino de la beatlemanía. Esa esclavitud mediática y acoso permanente que había vivido y no quería ni recordar. Y es así que fiel a su persona, George hace en 1973 un álbum espiritual, casi religioso, con nula vocación comercial pero armado sobre un pedestal músical envidiablemente sólido.

Con el colchón de sus habituales colaboradores, Ringo, Jim Keltner, Gary Wright, Jim horn, Klaus Voorman y Nicky Hopkins; Harrison lanzó 'Living In The Material World'. Si bien el título parece evocar la inmundicia de nuestro apego a los placeres mundanos, George concibe el Mundo Material simplemente como ésta realidad en la que nos movemos día tras día. Pasamos nuestros días en este mundo, nos llevamos comida a la boca y trabajamos y dormimos y y nos partimos la espalda durante los escasos momentos que dura la vida. Pero existe ese mundo espiritual, oculto y casi ajeno, por lo menos en el mensaje estampado en los tracks que componen el álbum.

A pesar de abordar temas poco atrayentes a la masa adolescente, el álbum tuvo una buena aceptación e incluso obtuvo un #1 con el single 'Give Me Love'. Con una producción menos pomposa que la spectoriana, 'Give Me Love' indica el tono de todo el álbum: refelxivo, melódico e inundado de una sencillez y simplicidad que encuentran explicación en la personalidad de la mente maestra del Dark Horse.

En la solidez y coherencia de éste álbum se pueden encontrar algunas gemas perdidas que obviamente han quedado lejos de la miopía radial. Como 'Sue Me Sue You Blues' y la parodia de las batallas legales entre los ex-fab. O 'Be Here Now' que parece grabado en la mente de un practicante de meditación trascendental. La progresión de acordes de 'The Light That Has Lighted The World' es otro ejemplo de humildad musical que irradia más fuerza que cualquier virtuosismo. Todo eso contrarestado con la canción homónima al álbum y "The Lord Loves The One" y la efectiva combinación de rock y horns del apropiadamente bautizado Jim Horn. La re-edición del disco (una gentileza de Olivia Harrison en este 2006) incluye dos bonus para el deleite. Los B-sides 'Deep Blue' y 'Miss O'Dell' que hasta ahora se conseguían solamente en bootlegs, se acoplan perfectamente al resto del álbum y dejar salir un poco del buen y característico humor harrisoniano.

Probablemente sea la sinceridad de George que llama la atención de nuestros oídos, que se despiertan al escuchar la voz de quien trataba de encontrar un puente de coherencia entre su ser y la maquinaria de la música, all those years ago.

10.25.2006

Tunari, cerca tan cerca

Cinco mil y cincuenta. Son los metros del modesto Tunari que gobierna el departamento con el título de pico más alto. Aparte de algunas escarchas eternas la montaña apenas viste de blanco ocasionalmente. Pero no muere de envidia ante el Illimani y la cordillera Real que se ven a lo lejos; el Tunari está contento con ese sol permanente que le hace olvidar la brisa helada que llega infaltable por las tardes.


El camino desde la cruz, en plena “carretera” a Morochata, comienza como una caminata muy ligera, como agradable paseo alrededor de las lagunas que resaltan en la planicie. La sensación de vacío y de aislamiento se ve menguada por la presencia de las llamas que deambulan por pendientes imposibles y se mantienen vigilantes.
Aún cuando se pierden de vista, hacen sentir su presencia con el excremento seco que es omnipresente. Y por supuesto con las sendas que dejan marcadas, como si fuesen bicicletas. Paseo distendido.

Pero la subida en cierto momento empieza a complicarse, el terreno es más árido e inestable y las pendientes son más pronunciadas. Se siente cada centímetro. Cada paso es un esfuerzo que no pasa desapercibido. Y los moradores de esos parajes son cada vez más escasos. Pajonales amarillos, apenas unos centímetros por encima del suelo. Lagartijas que se esconden entre las rocas. En algún momento, una chinchilla que sale a lucir su cola. Esos seres extraños no dan la bienvenida, se esconden de los forasteros.




Cuando el camino se convierte en vía crucis y el paisaje hace recuerdo a mordor, uno puede darse ánimos mirando atrás y constatando que se ha subido demasiado como para retroceder. Las lagunas, llamas y colinas son miniaturas. Pero la verdadera recompensa llega al final, cuando ya no quedan piedras más que debajo de los pies y todo el valle queda a merced de la vista golosa que por lo menos por unos instantes cree descubrir una civilización perdida.

Es cierto que incluso jubilados llegan al mismo sitio sin inconvenientes y que el trecho es bastante corto, pero ese cerro y sus 5050 de algún modo hacen sentir enorme hasta al más insignificante.

9.20.2006

Jamming en Bern

De vez en cuando conviene estallar. Hacer un vaciado total, borrar los predicados de la pila mental. Hacer un reset sin preguntar si “desea guardar sus cambios”. Así que hubo que desplazarse a Berna, la capital federal, para celebrar la llegada de ciertas leyendas vivientes.

Seattle en los 90s intentó curar los males de los desafortunados 80s, lanzando bandas que hoy ya se hacen espacio en el panteón de los rockeros viscerales. Pearl Jam es una encarnación de esa línea dura y fiel a las raíces, que intenta evitar las omnipresentes tentaciones de la industria.

Con botella en mano y aspecto de leñador, Eddie Vedder se presenta ante el público bernois. Lo escoltan los fieles alfiles Stone Gossard y Jeff Ament, seguidos por el legendario Mike McCready y el ahora “oficial” batero Matt Cameron. La sola presencia de los 5 sujetos provoca una estruendosa ola que se traduce en aplastamiento para los que se apostaron delante. Esto no es para nostálgicos, el público revienta de energía y pisotea al que se queda parado. Se nota que se viene algo fuera de lo normal.







Sin mucho preámbulo Pearl Jam saca Animal de su repertorio, con la misma velocidad, sorpresa y violencia con la que el Hombre sin Nombre saca su revolver. Aparte del retumbante bajo de Ament llegan varios cabezazos y manotazos de todas partes, esto es la jungla. El tono no baja y World Wide Suicide tiene un coro suficientemente fácil como para que todos acompañen. WWSuicide, Severed Hand y Army Reserve hacen de embajadores del recientemente estrenado álbum de la banda, que parece bastante bien cargado.



Mike McCready en su esquina, obliga a corear su nombre en cada solo que le toca, quitándole el protagonismo por unos momentos a Vedder. Este último, pide a la tribuna permiso para hablar no en inglés sino en “american”, a modo de sacar unas cuántas sonrisas. Y luego sigue el bombardeo inevitable con Hail Hail, Dissident, Satan’s Bed o Last Exit. Y se responde con todos los alaridos posibles, convulsiones voluntarias, stage divers y la marea humana que se estrella contra la muralla metálica y los agentes de seguridad.

Y por supuesto Pearl Jam no desperdicia el vigor de Berna y saca de la solapa los comodines: Jeremy, Elderly Woman, Better Man y Even Flow. Como para destruir el Bern Arena.
Difícilmente Pearl Jam repite el setlist en sus conciertos así que para los encores se puede esperar cualquier cosa. Arrancan con un viejo recuerdo: Garden, y luego provocan el maremoto de rigor con Do the Evolution: “I can kill ‘cause in God I Trust”. Y para dar fin y despedirse como debe ser regalan una versión aniquiladora de la unánimemente popular Alive.

Pero es evidente que nadie quiere ir tan temprano a su casa así que la aclamación general llama a la banda a comparecer por segunda vez. Y vuelven pateando el tablero: Why Go. E inmediatamente hacen el puente con la contagiosa Rocking in The Free World (panderetas incluidas), para luego finalizar con el himno oficial de despedida, Yellow Ledbetter. Al cerrar Yellow Ledbetter Pearl Jam siente que Berna merece un premio por el salvajismo y hacen un incinerado cover de Little Wing de Hendrix.

Pearl Jam seguirá masacrando Europa por unos meses al mando de Eddie Vedder y su botella, con esa sinceridad brutal y sin encajes, que a veces parece en peligro de extinción.

--fotos: Tinker Taylor --
--video: djungelolja --

9.16.2006

Con Dante por Toscana

Son los últimos momentos medievales de Firenze –o Florencia. A fuerza de batallas fratricidas la urbe se ha ganado el liderazgo regional. Los guelfos han derrotado a lo gibelinos pero se han dividido en dos facciones. Dante Alighieri ha escogido el bando equivocado y es exiliado de su patria. Vivirá el resto de su vida deambulando por la península, maldiciendo a sus jueces y condenándolos al infierno que él mismo se encargó de crear. Dante jamás volvió a Firenze –pena de muerte como excusa- pero hoy, luego de unos cuantos siglos, su figura es omnipresente y su nombre bendecido en cada rincón de su ciudad natal. Quizá porque Dante simboliza la imposible transición entre el oscurantismo medieval y el humanismo renacentista.

La tumba de Dante está en Ravenna pero Firenze tiene otra, vacía y monumental, dentro de la Basílica di Santa Croce. En estilo románico, ésta basílica franciscana alberga sepulcros de vecinos dignos del autor de la Commedia: Gioachinno Rossini, Niccolò Machiavelli, Galileo y Michaelangelo. Y eso es poco si se siguen revisando las listas de artistas y genios que alguna vez se pasearon por las tumultuosas callejuelas de la capital toscana.


Bajo la tutela de la poderosa familia Medici –Lorenzo El Magnífico a la cabeza- los artistas del renacimiento encontrarían el camino de regreso a la ancestral perfección griega, llegando incluso a sobrepasarla. Hoy esa evolución es visible en la Gallerie della’Accademia. El simbolismo y la terrorífica pintura codificada de la edad media contrastan con la magnificencia y sensibilidad humana que despliegan Andrea del Sarto, Ghirlandaio o Boticcelli. Utilizando temas religiosos como excusa, los maestros italianos no controlaban su obsesión por la figura humana. El deseo de reproducir la vida en lienzos y mármoles eternos ocupaba su mente y sus acciones, al punto de lanzarse a los más minuciosos estudios anatómicos, cadáveres en mano. El ejemplo más claro y emblemático de esa visión, de pie en un salón construido exclusivamente para exhibirlo, es el David de Michaelangelo. Tal vez la estatua más célebre de todos los tiempos, David salió de un bloque de Carrara, abandonado en los talleres florentinos y adoptado por un Michaelangelo veinteañero. Más cerca del Apolo olímpico que de la visión judía del Rey David, la figura marmórea observa desafiante a su rival, tal vez sin medir las consecuencias de su próximo golpe, con esa seguridad naïve de quien está dispuesto a arrojarse al vacío antes que retroceder. Es la personificación arriesgada del renacentismo florentino, y hoy tanto la original como la copia que resguarda las puertas del Palazzo Vecchio, aún absorben las miradas de los pasantes insignificantes.

El Palazzo Vecchio ha servido y sirve aún como sede del gobierno fiorentino. Mutación entre palacio y fortaleza, el edificio está coronado por la singular Torre d’Arnolfo, que alguna vez también sirvió de prisión. En los tiempos de gloria de la República fiorentina, los grandes eventos tenían lugar al interior, en el Salone del Cinquecento. Sala monumental como muy pocas hay en Europa, ésta albergaba al desaparecido gran consejo de la república. Los frescos inmensos de Vasari ocupan el alto y ancho de los muros, con escenas idealizadas de la historia toscana, obviamente batallas en su mayoría. Victorias sobre Pisa y Siena reflejadas en combates míticos minuciosamente detallados que no terminan de ser examinados por nuestra limitada vista.

Pero el Palazzo Vecchio no es el único recuerdo de los Medici. A pocos metros la Galleria degli Uffizi es un imán de turistas. Una visita al interior equivale a un paseo por la evolución artística, principalmente entre los siglos XIV y XV. Algunos de los más espectaculares ejemplos de pintura de la Edad Media Baja cuelgan de los muros. Retablos dorados, rostros y figuras desprovistas de toda perspectiva, escenas macabras yuxtapuestas a sublimes; toda la turbia mente medieval está comprimida en esas pinturas. Pero en un momento de la historia -transpuesto a un momento en la exposición- cierta gente decidió observar su mundo y celebrar la vida (con financiamiento de por medio, por supuesto). La transición generacional es fantásticamente representada por Filippo Lippi y su hijo Filippino. Unas pocas décadas y la diferencia es incuestionable, y eso que no se trata de un maestro del tamaño de Botticcelli, que por cierto tiene una sala propia en la Galleria. Y por razones obvias. El lazo entre el renacimiento florentino y la Grecia clásica se hace explícito en el Nacimiento de Venus, en el reconocimiento divino de la naturaleza humana. Y de ese modo, a través de cada lienzo, de cada Rafaello, Tiziano o Ghirlandaio, la Galleria degli Uffizi presta al azaroso curioso un pedazo del mundo de hace 500 años, retratado por los pinceles mas aventurados. Una sección final de la Galleria rinde tributo al sinónimo de Genio, Leonardo da Vinci, no solo a través de su pintura sino sus otras y múltiples ocupaciones. Si alguien se aburre de ver a la Gioconda, atrévase a imaginar a San Jerónimo, concluido. Difícil imaginar la perfección encima de la perfección.

Saliendo de Uffizi se llega en pocos pasos a orillas del Arno. Verde y algoso, afortunadamente no pestilente, el río está debidamente canalizado, como recuerdo de más de un rebalse. Y en medio, el Ponte Vecchio, dotado de una sobrepoblación de joyeros que literalmente han instalado sus comercios EN el puente. Ninguna novedad en la promiscua Europa medieval; una extraña excepción en estos días. El Puente Viejo conduce a la parte “nueva” de la villa, en la que se destaca inobjetablemente el Palacio Pitti. Otro recuerdo de los Medici, aunque en un estilo más imponente que elegante. Eso no impide sin embargo que se exhiba una colección importante de obras, Tiziano, Raffaello y el infaltable Rubens incluidos. El Palacio albergó a los Medici hasta la extinción de la línea, para luego ser ocupado por personajes tan dispares como Vittorio Emmanuelle II o el mismísimo Napoleón.

En ese mundo perdido que es Florencia, los caminos se cruzan y cada cierto tiempo se corre el riesgo de tropezar con una iglesia. Y no se puede evitar darles un vistazo a pesar de los letreros que prohíben vestir shorts y pasear animales. San Lorenzo y su aire anciano, romanesco, plagado de frescos de Lippi, Bronzino y dos sepulcros exquisitos de Donatello. Santa María Novella, enorme basílica romanesca y gótica al mismo tiempo, aunque con dotes de museo al contar con obras repartidas entre Brunelleschi, Ghirlandaio y Lippi, entre otros. Pero el centro y corazón florentino es Santa María del Fiore: Il Duomo. La gigantesca cúpula de Brunelleschi -marca registrada- junto a la torre de Giotto y la inmensidad del interior, dejan pocas palabras. Es el ser humano que se deja intimidar por su propia obra; intentando imaginar lo divino, y plasma en el arte su visión de lo inconmensurable.

En un muro lateral de la Catedral, un retrato de Dante cuelga solitario, con la Divina Comedia como fondo. Tenía razón. A fin de cuentas nuestro paso por esta vida es un poco de todo lo que el poeta nos cuenta: algunos días purgamos las culpas, otros experimentamos las llamas y de vez en cuando, deambulamos por las callejuelas fiorentinas.

Campo Dei Miracoli

Tal vez nadie discute la tradición de Venecia o Génova como potencias marítimas, y su notable influencia sobre el mediterráneo. Pero hubo una vez un rival temible para ambas, en épocas medievales que nuestra historia aún rememora.

Pisa, al contrario que muchas ciudades, recuerda sus días de gloria en aquellos tiempos en los que Gutemberg aún no había dejado su marca. Tiempos en los que el salvajismo animal de la conquista podía estar del brazo del credo, y la sabiduría dormía en los rincones de los conventos. Unida al Tirreno por el Arno, Pisa supo abrirse espacios gracias a favores papales y efímeras y traicioneras alianzas con sus vecinos. Unida a Génova contra un enemigo común (los Sarracenos), Pisa llegó a tomar el control de Sicilia y Córcega, con todos los tesoros incluidos. El saqueo fructífero a los Sarracenos y posteriormente a los Bizantinos durante las cruzadas, trajo a Pisa demasiado poder y demasiada fortuna, que debía ser transmutada en monumentos que intimidaran y opacaran a cualquier rival. Pero como en tiempos de cruzadas la excusa eclesiástica era inobjetable, Pisa se regaló el Campo dei Miracoli.

Sobre una planicie verde, en las proximidades de los muros de la ciudad, se levantó el conjunto arquitectónico medieval más importante de Europa Occidental. Comenzando por la distintiva y romanesca Catedral de Pisa. Cubierta de mármol y piedra blanquecina, protegida por masivos portones de bronce, ostenta una espectacular fachada frontal con 3 pisos de columnatas minuciosamente trabajadas. El interior no es menos impresionante. A los lados enormes lienzos claroscuristas cubren las paredes, reemplazando los trabajos medievales originales perdidos en las eventualidades. Al fondo, un mosaico monumental retrata un Cristo casi bizantino, rodeado de Juan y María. El techado, plano y recubierto de moldeados dorados con el escudo toscano, corona el edificio.

Frente a la Catedral está el Baptisterio, un edificio cilíndrico cubierto de una cúpula inmensa. Si bien es un baptisterio románico, tiene una serie de aditamentos típicamente góticos en el duomo. El interior es austero, casi vacío, lo que da una sensación de espacio sobrecogedor.








Detrás de la catedral, caprichosamente inclinada, está la Torre. No requiere mucha introducción, su forma cilíndrica y encolumnada es tan reconocible como La Estatua de La Libertad o la Eiffel. El primer piso, acabado en finísimo mármol, parece apenas estrenado, ya son 800 años y sigue reluciente, soportando el peso de un mito bizarro de la arquitectura. Los cerca de 300 escalones han visto tantos pies que hoy están completamente deformados, casi perforados. La inclinación es evidente a medida que se suben los más de 50 metros del campanario. Pero supuestamente los últimos trabajos garantizan 300 años de estabilidad inclinada. Desde la cima, una vista privilegiada de Pisa y del Camposanto.

Se dice que los cruzados trajeron tierra del Gólgota a Pisa para el Camposanto. Tal vez sea un cuento, pero lo que si trajeron fue un botín capaz de pagar uno de los cementerios más remarcables de la historia. Las tumbas descansan bajo una interminable serie de arcadas que cierran un espacio rectangular tapizado de césped. Frescos y esculturas completan la fastuosa morada de los inquilinos eternos.

El fin de la Edad Media acabaría con el esplendor pisano. Derrotada sucesivamente por venecianos y genoveses, conquistada por los Florentinos, alejada del Tirreno por los caprichos del Arno, Pisa se refugiaría –lúcida y orgullosa- en el recuerdo imperecedero morador del Campo dei Miracoli.