8.07.2006

El aeropuerto de los Stones

Sentado en uno de los puntuales trenes suizos, intento entender algo del dialecto schwyzertüütsch que hablan los oriundos. Ni siquiera es homogéneo. A medida que el tren pasa por Bern, Aarau, Olten, cambian algunos sonidos y tiro la toalla. Entre tanto el tren ya llegó a Zürich. Siempre Zürich. Es lógico, aquí es donde más gente ha decidido amontonarse, así que todo sucede siempre en Zürich.



Pero a veces incluso Zürich queda pequeña. Y así es cuando se trata de de la avalancha de los Stones. Más de 40 años de una carrera sin competidores, sin comparaciones y con un legado que quiere evadir cualquier vínculo con el tiempo. El Kongresshaus queda pequeño, el Hallenstadion es insuficiente y el lago no es una opción. Pero para eso están los aeropuertos. El aeropuerto militar de Dübendorf en las afueras de Zürich fue convertido en una inmensa feria con la misión de acoger a cerca de 70 mil almas ansiosas del más puro rock n’ roll. 60 trenes especiales habían sido previstos para soportar semejante carga entre Zürich y Dübendorf, en un intento por seducir a la muchedumbre a inclinarse por el transporte público.

La marea humana guía mis pasos. Nunca en mi vida he pisado Dübendorf pero es obvio el lugar de la acción. Hay una ligera llovizna pero hay gente repartiendo impermeables desechables que no durarán mucho pero soportarán unas cuantas gotas. Las puertas del aeropuerto se abren a medio día y no hay tiempo que perder: es preciso tomar posesión de un metro cuadrado delante del escenario. Cada metro recorrido entre las puertas y la escena es una muestra del aparato comercial que sirve de antesala a las guitarras sesenteras. Puestos de venta de mercancías, de comidas de todas las especies, de bebidas de todos los aromas, toda una feria instalada únicamente para la media jornada que ésta locura pretende durar.

Es el evento más grande en su género jamás ocurrido en la Suiza. 3 tribunas para 15 mil personas han sido montadas alrededor, únicamente para éste evento, al igual que el colosal escenario principal con una plataforma de 60 metros de ancho y unos 30 de alto, pantalla extra gigante incluida. Semejante andamiaje requiere de 3 réplicas para poder cumplir con el agotador itinerario del “Bigger Bang Tour” que recorre Europa este verano. Decenas de camiones arman graderías y tarimas en una ciudad mientras las desarman en otra.


Cinco horas de espera bajo una condescendiente llovizna son el precio a pagar por un lugar en primera línea, hasta que un desgarbado anunciador viene y hace saltar al frente a los zurichois de Lovebugs. Teloneros locales, con un toque de producción aceptable pero irremediablemente ligados al soft-rock poco atrevido y poco inventivo que ha tenido tanto éxito en la era post 2000. Por más suizos que sean los Lovebugs, cantan en inglés aunque agradecen en dialecto: “Merci vielmal”. Al fin y al cabo los entremeses son entremeses y Lovebugs dejan el escenario un tanto húmedo a los británicos Kasabian. Un poco de todo el britpop electrónico de los 90s en una batidora y sale Kasabian. Bajo discreto, segunda guitarra sin muchas novedades, un vocalista con tintes de Liam Gallagher. La bata en buena forma, tal vez de lo más remarcable de ésta banda que afortunadamente se permite improvisaciones interesantes en medio de sus piezas. Por cierto el guitarrista principal, que sospecho es un invitado, sacaba algunos solos experimentales particularmente intensos. Supuestamente sacan un álbum pronto, a ver que tal les va.

El intermezzo en un aeropuerto militar cobra sentido con la llegada de una patrulla suiza de aviación. Parte del espectáculo es la presencia de 6 jets –supongo que son F5 Tigers- debidamente coloreados en rojo y blanco. Los pilotos ensayan diversas maniobras cuya peligrosidad me hace pensar si nos engañan con efectos ópticos. Dos jets que se precipitan el uno contra el otro, una aeronave que se lanza verticalmente hasta perderse en lo alto, una que se desplaza tranquilamente mientras otra dibuja una espiral alrededor de su trayectoria. Al final las seis sobrevuelan apenas por encima de la multitud, antes que aparezcan sobre el escenario 4 figuras sexagenarias que todos se desesperan por ver.

El riff de "Jumpin’ Jack Flash" es inconfundible y pone el tono del resto de la noche. Tan incendiario como en 1968, Mick Jagger aprovecha cada metro del espacioso escenario y corre en todas la direcciones. “I’m Jumpin’ Jack Flash it’s a gas gas gas!!!”. Inmediatamente después aparece algo más convencional como “It’s only rock n’ roll” o la ochentera “She’s so cold”.

Luego de una presentación de la banda (es necesario presentar a Keith Richards, Ron Wood y Charlie Watts? ), Keith toma el micrófono para mostrar que también tiene lo suyo -“Slipping Away”-.


En contrapartida Jagger saca una stratocaster técnicamente innecesaria para la balada "Streets Of Love", a manera de bajar un poco el ritmo. En la misma venia, una solemne interpretación campirana de "Wild Horses", coreada por lo menos en el estribillo. Un homenaje especial a Ray Charles toma un aura culminante al ritmo hipnótico de “Night Time (It's the Right Time)”. Los Stones tienen sus raíces en lo más profundo del blues norteamericano, así que le deben los honores.

Pero con los Stones el tiempo se mueve indiscriminadamente y vuelven a fines de los 70s, otra vez con Jagger en guitarra, al ritmo de “I Miss You” y su ineludible y contagioso coro. Y mientras “I Miss You” sale al aire, la batería entera de Charlie Watts literalmente se eleva y toda la plataforma que la sostiene avanza lentamente hacia el frente. La aparatosa tarima de lso Rolling Stones tiene más trucos que el inspector Gadget y transporta a toda la banda cerca de 80 metros al frente en un riel que los lleva cerca de los fascinados fans que hasta el momento se tenían que conformar con ver las pantallas gigantes. Pero la música no se detiene, Ron Wood y Keith Richards siguen riffeando mientras la plataforma se desliza hacia el frente. Allí Jagger pregunta si alguien se acuerda de “19th Nervous Breakdown” Claro que todos recuerdan. Tanto como a “Honky Tonk Woman” que es la siguiente de la lista. Y mientras tanto en el escenario principal una gigantesca lengua inflable se come la pantalla gigante. El símbolo sagrado de los Stones.

Los cuatro siguen tocando mientras su plataforma móvil vuelve lentamente a su sitio, dónde esperan tambores tribales que anuncian indefectiblemente “Sympathy for the Devil”. Pleased to meet you, won’t you gess my name. Jagger sigue corriendo de un extremo al otro mientras agita los brazos en todos los sentidos como un maniático. What’s puzzling you is the nature of my game. El techo del escenario se enciende en llamas, una serie de columnas de fuego que combinan con la lengua viperina bifurcada que proyecta la pantalla gigante. If you meet me, have some courtesy, have some sympathy and some taste.

Y para el final, claro, un poco de "Start Me Up", "Brown Sugar" y la culminante "You Can’t Always Get What You Want", que no pueden sino arrancar los alaridos de los pobres fanáticos que han caído bajo el hechizo de los sexagenarios.

Los encores llaman como rugidos y obviamente el cierre de cierres, es "Satisfaction". Solamente los osos que hibernan 40 años podrían no estar al tanto de esto: I can’t get no Satisfaction!!!

Y sobre el final llamaradas sobre el escenario, fuegos artificiales y un poco de luces bombásticas antes que la realidad nos llame de vuelta.

1 commentaire:

Javier Rodríguez a dit…

Que envidia compañero... Aguanten los Stones!