Lo siento, no pude resistir en colgar estos alaridos patriotas. Era una madrugada cuándo los ejecutantes entonaban la cueca y es evidente que no sabían cómo tocar una cueca. Pero bueno, al fin y al cabo ganas no faltaban :) Por suerte en ese momento tenía los medios para registrar el civismo mezclado con chacota que al fin y al cabo es mejor que nada. Se trata de recordar un ratito a la República que con 181 años tiene que mostrar que ya pasó la pubertad.
Así que con las excusas anteriores, un homenaje un tanto desorejado a la nación boliviana.
Primeros días de Agosto, siempre atados a recuerdos de banderas izadas e himnos entonados. Fervor cívico disimulado en un desfile y que luego es desfigurado bajo la mesa en la forma más vil.
Pero en las circunstancias actuales hablar de fiesta nacional en agosto tiene una doble connotación y un tinte rojo que poco tiene que ver con el comunismo. Rojo porque ese es el color que la tradición otorgó al estandarte del Cantón de Schwitz en la edad media. Así como sus pares de Uri y Unterwald, el cantón de Schwitz no era más que un conjunto de aldeas encaramadas en la montaña prealpina, poblado por paisanos de ruda reputación pero tradición hacendosa. Presionados por la ambición de los Habsburgo e indignados por la imposición de gobernadores, los paisanos necesitaban un líder suficientemente atrevido como para desafiar el poder invasor.
"Wilhelm Tell, paisano de Uri y notable tirador de ballesta, había ganado el respeto de toda la comarca por su lealtad, valor y altos principios. Pero Tell no veía con buenos ojos la presencia del gobernador invasor y un día, en presencia de todo el pueblo del Altdorf, se atervió a desafiar su autoridad. El gobernador, indignado e inmisericorde, conminó a Tell a disparar una flecha contra una manzana colocada sobre la cabeza de su propio hijo. Rehusar a ejecutar la sentencia significaba de todos modos la muerte de su hijo, así que Tell preparó 2 flechas; cargó una lentamente sobre su ballesta, tendió las cuerdas y rezó por su mejor tiro...y por supuesto la flecha fue directo al corazón de la manzana, para alivio suyo y consternación del pueblo que presenciaba el macabro acto.El gobernador no pudo ocultar su sorpresa ante la puntería olímpica de Tell, pero también sintió curiosidad por la segunda flecha que no había sido utilizada y quizo obtener una respuesta. Wilhelm Tell, aliviado por la suerte de su hijo pero aun herido en el orgullo, no pudo ocultar sus motivos. La segunda flecha era la de la venganza, en caso de una infortunada trayectoria de la primera.El gobernador, enloquecido por la insolencia de Tell, mandó su arresto inmediato en una barcaza. Pero nadie contaba con las habilidades de navegante y de escapista de Tell, quien no solo logró burlar a sus captores, sino que dio fin al régimen del gobernador, clavándole la segunda flecha con su mortífera ballesta."
Y así, bajo el ejemplo del valor de Tell, los representantes de Uri, Schwitz y Unterwald se reúnen en 1291 en la planicie de Grütli, y prestan el juramento solemne de unión perpétua delos tres cantones.
Wilhelm , Guillaume, Guillermo o Guichi Tell, probablemente jamás existió, y tal vez su leyenda es apenas un artificio que intenta generar una tradición helvética. Pero lo que nadie discute es que hace 700 años algo sucedió en los bosques de Uri, Schwitz y Unterwald, que movió a su gente a entablar lazos que persisten hasta hoy y que se refuerzan con cada agosto que pasa.
Es así que nació la Confederación Suiza, en manos de paisanos de los bosques insignificantes a los que nadie prestaba mucha atención, que un día descubrieron simplemente que la unión es la fuerza.
Cerca de la media noche y la turba en la arena de Paléo perdía la paciencia. Con la llegada de la noche el calor era por lo menos aguantable aunque la presión corporal era permanente. De pronto un pelotón de fotógrafos salió de un improvisado escondite bajo la tarima. Señal inequívoca de que todo comenzaría pronto. Ante la ausencia de los músicos las cámaras apuntaban a los cuerpos húmedos y sucios de los fanáticos que aullaban y brincaban intentando atraer los lentes. Enseguida las luces se apagaron y se escuchó un coro multitudinario: WHO WHO WHO WHO ....
Y en eso salen de las sombras dos figuras extrañas. Dos señores, nacidos hace mas de 60 años, se proponen despertar la locura de miles y miles de chamacos y chamacas que confían en que la rebeldía de cierta gente no se desvanece conforme la arena pasa de un lado del reloj al otro. Pete Townshend y Roger Daltrey están al frente y no disimulan el efecto acrónico: "We come frome another place, from another time, before you were born!"
Esa introducción de Pete Townshend es lo único que se escucha antes que estalle el riff de I Can't Explain, que a pesar de la infantil simplicidad sigue siendo efectivo. Han pasado más de 40 años desde que I Can't Explain fue creada y la siguen tocando. A modo de no arriesgarse mucho, y más aun trantándose de una muchchada que ve a los 60s a la misma distancia que los israelitas a la tierra prometida, The Who procuró lanzar a las tablas lo más conocido de su extendida carrera. Muy buena decisión. Porque luego vino The Seeker, Anyway, Anyhow, Anywhere, con la improvisación final en una versión extendida y mejorada.
Luego vinieron algunas novedades, sucede que The Who lanzará un álbum por primera vez en mas de 20 años y quisieron dar un adelanto. Por supuesto que ahora que no queda nada más que la mitad del grupo, se han perdido elementos que eran la escencia de The Who. John Entwistle y Keith Moon marcaron como muy pocos el rol de "sección rítmica" del Rock n' Roll. No es extraño que sean considerados casi por unanimidad como influencias esenciales en cada uno de sus respectivos instrumentos. Pero bueno, ya no están aquí y tienen que ser reemplazados. Un reemplazante a destacar es el efeiciente Zak Starkey, que no decepciona a los admiradores de Keith Moon. Y tal vez como homenaje a Moon, el dúo sobreviviente sacó de la manga el recursivo tema Who Are You, último éxito con el controvertido y lunático baterista.
Siguiendo con la seguidilla de hiperéxitos, Roger Daltrey se exigió al máximo para reproducir la pieza final y culminante de la rock-ópera Quadrophoenia: Love Reign O'er Me, imposible de ejecutar para los simples mortales. A continuación, Daltrey se puso la guitarra al hombro para mostrar que también tiene algunas habilidades en los instrumentos y sorprendió a más de un incauto al entonar la versión correcta de Behind Blue Eyes. Le especie de "bridge" de Behind Blue Eyes sirvió para que Townshend mostrara sus habilidades atléticas incluyendo algunos de sus característicos saltos, molinos, y otras acrobacias.
Toda esa energía no podía ser desperdiciada y el particular ritmo de los synths de Baba O'Riley sacudieron la escena. Más windmills de Pete Townshend solo podían ser respondidos con los malabarismos que Roger Daltrey aun puede hacer sin dificultad alguna con el micrófono... "It's all wasted!!!"; y el mítico Grand Finale cuyo violín fuereemplazado por un solo de harmónica de Daltrey... E inmediatamente luego, vino el ritmo creciente del himno mayor de los 60s, que sobrepasó la generación del Swinging London y perdió un lugar en el tiempo. Ahora es MY Generation, y se aplica a veteranos como a novatos con la única condición de mostrar la semilla del inconformismo. Y finalmente para terminar con los explosivos: Won't Get Fooled Again, sagrada pieza cuya única falta es ser potencial causa de sordera en los fieles que la escuchan.
Claro que un concierto no es serio si no hay encores, y The Who tienen experiencia de décadas en ello. Así que el antiquísimo Substitute rompió el silencio, para ser seguido de un extracto de la ópera-rock Tommy: Pinball Wizard/Amazing Journey/Sparks y por supuesto el final de finales de finales del mundo de los finales: See Me Feel Me:
Listening to you, I get the music...
Eso fue todo, las luces se apagaron y The Who nos abandonaba: volvía a su tierra y a su tiempo
Nyon, una villa -perdón, ciudad- en plena costa lemanica entre Lausanne y Ginebra, sale del anonimato cada año en temporada de infierno, gracias al festival de música más grande de la nación helvética: Paléo Nyon Festival.
La zona de L'Asse alberga un impresionante campus en el que durante 6 días conviven pop, rock, reggae, folk y quizá algún impensable intruso. Los espacios no faltan: La "Grande Scène", una arena digna de conciertos épicos; las carpas gigantes de Le Chapiteau Le Dôme y Le Club Tent para eventos de dimensiones menos exageradas y La Crique para los espectáculos que requieren algo más de intimidad.
Y entre escenario y escenario, un ejército de comercios que se encargan de curar el hambre y resucitar a los 200 mil sedientos espectadores que llegan de todas partes. En la zona de camping se instalan los más fieles, seguramente esperando que una semana viviendo en medio de la música les podrá lavar y enjuagar la mente. Es tal vez una forma de revivir la fantasía de Monterey, Woodstock y Isle of Wight.
Grupos locales y monstruos internacionales tienen cabida en Paléo. Inclusive hay algo de espacio para artistas como Goran Bregovic y su banda de "Matrimonios y Funerales" que trata de aproximar la música balcánica al público ignorante. Ignorante porque seguramente ignoraba la existencia de un estilo tan particular como el de Bregovic, que trae a Serbia, Bosnia y Macedonia al escenario, al mismo tiempo que acompaña con acordes de su guitarra eléctrica. Probablemente las referencias más cercanas para la masa de 30 mil personas que lo escuchaban en La Grande Scène eran aquellas de sus trabajos con el cineasta Emir Kusturica. Pero todo eso poco importa cuando el ritmo reventado de "Kalashnikov" resuena. Aparte de la no despreciable cantidad de serbo croatas que viven en Suiza, probablemente nadie entendía una palabra pero podía igualmente disfrutar un poco del eclecticismo de Bregovic.
La música francófona también tiene su lugar en Paléo, no podía ser de otra manera. Louise Attaque es una de esas formaciones que construye su éxito en base a música sólida e inteligente. Provistos de un violinista que le da un toque particular al power-trio, Louise Attaque apuesta por un rock seguro, y aprovecha de la popularidad de Ton invitation, Lea, Je t'emmène au vent, que pronto van a cumplir una década en las estaciones de radio. Mientras Louise Attaque se desenvuelve en el escenario, la arena hace su propio show. Un mar de cabezas y brazos levantados, griterío descomunal y clima de horno. Los que no aguantan la sofocación son evacuados, otros toman en serio la metáfora del mar de personas y hacen el más puro stage-diving. Los espectadores de primera línea sufren las consecuencias y son aplastados por la marea que va y viene continuamente. Así pagan el derecho de ver cara a cara a los artistas, y reciben una remuneración adicional en forma de chorros de agua fría que por piedad les lanzan los efectivos de seguridad.
Así transcurren los días en Paléo, conciertos que duran hasta las 3 de la mañana, miles de visitantes y miles de anécdotas. Y por supuesto cada noche la corona uno de los "tête d'affiche" del festival. A veces Paléo tiene el placer de presentar a tiranosaurios del rock.
Montreux ha sido una especie de refugio para músicos de todo el planeta desde hace décadas. Algunos buscan reposo, otros un ambiente distendido para grabar un álbum encendido. Led Zeppelín, Queen, Deep Purple y cuántos otros han dejado huella en ésta minúscula villa lemánica.
Pero desde hace 40 años un evento particular hace de esta ciudad la capital de la música. El Montreux Jazz Festival engaña al público con un nombre que señala solamente uno de los incontables géneros que tienen cabida en sus escenarios. Algunos pueden hablar de tergiversación pero en realidad las fronteras y clasificaciones que establecen los expertos están hechas para ser descuartizadas por los músicos. Es así que en Montreux, mientras en el auditorio Stravinsky se escucha Delta Blues, en el Casino puede estar en gestación una improvisación del más enérgico jazz; y al mismo tiempo en otra sala se pueden escuchar los más sutiles ritmos brasileños.
Este año, aparte del acostumbrado menú repleto de estrellas, Montreux rinde homenaje a Atlantic Records y a su fundador Ahmet Ertegun, a 60 años de la fundación de su compañía discográfica. Por qué Atlantic Records? La historia es larga, pero en resumen Atlantic fue una de las pioneras en dar espacio a la Black Music. A fines de los 40, no cualquiera apostaba a promocionar la música de un sector discriminado y relegado, intentando no solamente difundir nuevas tendencias sino ampliar audiencias y sin duda obtener réditos. Las producciones se limitaban en esencia al Jazz y R&B originalmente, con leyendas como John Coltrane o Charles Mingus. O Ray Charles y Ben E. King. O posteriormente Aretha Franklin.
Aretha Franklin en Montreux (1971)
Pero con el tiempo Atlantic amplió su catálogo, incluyendo a británicos de peso completo como Cream, Led Zeppelín o Yes. Y Mr. Ahmet Ertegun fue testigo y protagonista de todo eso. Alguna gente tiene el privilegio de estar en los momentos y lugares precisos.
Rory Gallagher en Montreux (1975)
Ahmet Ertegun sobre el escenario junto al organizador del festival, Calude Nobs.
La única manera de honrar a Ertegun de manera efectiva, era a través de la música. Con 83 años encima, Ertegun es aún exigente y no aceptaría cualquier cosa como regalo. Y es así que la organización del Festival procuró tener en escena a una constelación de artistas que hicieron historia junto a Atlantic. Con una sección rítmica de lujo (expertos de esos que pueden tocar cualquier cosa que les pidan: The Soul Survivors), Les McCann y George Duke contaron un poco de la historia del R&B a través de su música. Luego se aprestaron para recibir al mismísimo Ben E. King que trajo a flote algunos de los antiquísimos éxitos que hicieron famoso su nombre: “Spanish Harlem”, “Save the last dance for me” y la ultra infaltable “Stand By Me”, repopularizada por Lennon hace unos 30 años.
Pero eso no era todo, así que se preparó un trono (literal) en el que se acomodó Solomon Burke, probablemente la mejor voz de la noche y uno de los mejores ejemplos de lo que puede hacer la escuela del gospel. Pero Burke y su carisma no podían ser seguidos de cualquier cosa así que entró en escena Chaka Khan, rindiendo homenaje a otra superestrella de Atlantic: Aretha Franklin. Inmaculadas versiones de “Natural Woman” y “Respect”, representando la cúspide del Soul y R&B.
Con Nile Rodgers y su banda como apoyo, apareció Stevie Nicks, conocida entre otras cosas por su trabajo en Fleetwood Mac. Luego de ejecutar su clásica “Dreams”, se permitió un cover de la bandera hippie “Woodstock” de Joni Mitchell, aunque en la electrificada versión de Stephen Stills (aquella con CSN&Y). Pero Nicks decidió no hacer los coros de “Woodstock” en solitario así que solicitó la colaboración de Kid Rock, que entró en escena para descompaginar un poco.Y sucede que luego Kid Rock tomó la posta con una canción digerible por el público, “Picture”, una lenta que originalmente grabó a dúo con Sheryl Crow. Pero luego comenzó a rapear sin escatimar groserías, para luego mostrar sus “habilidades” rayando discos montado sobre la mesa de los platos. Las cosas se apaciguaron un poco con la salida de Kid Rock, que coincidía con la entrada de alguno que otro espectador que no pudo aguantar sus extravaganzas.
Steve Winwood trajo un poco de nostalgia interpretando “Georgia On My Mind”, solo junto a sus teclados. Winwood hizo luego una pequeña demostración de sus dotes de guitarrista. Bueno, a fin de cuentas Steve Winwood es uno de esos raros superdotados de la música, que se ha topado con todos aquellos con los que hay que toparse. Colaboraciones con Hendrix, Joe Cocker o George Harrison que hicieron historia. O su trabajo protagónico con Spencer Davis Group, con Clapton y Ginger Baker en Blind Faith; y por supuesto en Traffic. La versión de “Can’t Find My Way Home” trajo a la mente el único álbum del supergrupo Blind Faith, destinado a evaporarse rápido por el exceso de talento y de ego concentrados.
Finalmente y para dar por terminada la lista de invitados interestelares, entró Robert Plant. Si, el mismo que junto a Page, Jones y Bonham se apoderó de los 70s al ritmo de “Whole Lotta Love” y “Heartbreaker”. Hoy Plant ya no es el mismo vocalista de maneras particulares y voz imposible que hacía explotar estadios repletos. Para las nuevas generaciones es tal vez un viejo extraño que de algún modo aún es capaz de producir energía en base a su sólida performance vocal. Aparentemente divorciado de Led Zeppelín por lo menos por esa noche, Plant lanzó al aire el viejo y seguro Rock n’ Roll que es antiguo hasta para él. “I Got A Woman” es un ejemplo que ahorra mayores explicaciones. Robert Plant merece ser aplaudido de pie.
Robert Plant en Montreux (1993)
En seguida, y casi como tributo a Plant y Led Zeppelín, Stevie Nicks reapareció con Kid Rock para una versión bastante fiel del himno “Rock N’ Roll”, con el que Led Zep seguramente intentó en 1971 sintetizar el género. En ésta ocasión Kid Rock se propuso portarse bien y limitarse a tocar guitarra, a fin de no crear mayores controversias y complacer al público.
Para finalizar, Nile Rodgers se propuso poner a disposición su funk accesible y cercano al disco de finales de los 70, para satisfacción de una gran parte del veterano público. Pero en un momento dado todos los artistas invitados aparecieron sobre el escenario, así que sobrevino una sesión de jamming del más impensado. En efecto este tipo de tributos incluyen la posibilidad de tener al mismo tiempo a exponentes musicales hiperdiversos: George Duke y Steve Winwood haciendo dúo en teclados, Nile Rodgers funkeando con su guitarra blanca, Kid Rock y Stevie Nicks haciendo coro con Robert Plant. Incluso en un momento dado el mismísimo Ahmet Ertegun aterrizó sobre el escenario coreando el funk de los 70s.
La improvisada sesión de jamming en vivo se salió del horario de programa y la fiesta en Montreux se extendió hasta la madrugada. Y aún quedan 2 semanas de festival, con más estrellas por llegar: Sting, Santana, Van Morrison, Bryan Adams, Tracy Chapman, Deep Purple…
Montreux se puede dar esos lujos, afortunadamente.
Venía de ver a Steve McQueen en una de esas películas en las que manda a medio mundo a la tumba sin cargar muchos rasguños. Ya en casa revisaba maquinalmente mi email y encontré un mensaje del Mundial FIFA 2006: "dese una vuelta por Gelsenkirchen pasado mañana, tal parece que tenemos una entrada para usted". Y sí, sucede que alguien que compró su entrada con meses de anticipación, la devolvió por un motivo X y decidieron revenderla a los fieles futboleros inscritos en la lista de espera. Y uno de los fieles resulté ser yo.
No hay que pensar dos veces, todos los compromisos para ese fin de semana fueron unilateralmente cancelados, y se iniciaron los preparativos de viaje de emergencia. Reserva del placentero viaje nocturno de 9 horas en tren, mochila al hombro y vamos al mundial.
Llegando a Dortmund de madrugada, ya se empieza a sentir el ambiente. Las gigantografías y la publicidad invaden todos los espacios, los comercios tienen logotipos, balones y fotos de Ballack en todas partes. 6 de la mañana y todo huele a fútbol. Pero los trenes también sienten el mundial. Retrasos en Alemania! El tren a Gelsenkirchen aparece finalmente luego de 1 bendita hora de espera. Gelsenkirchen es una ciudad no muy grande, parte de ese conglomerado de ciudades industriales que en algún momento sacrificaron su existencia por el carbón. Pero Gelsenkirchen es ahora sede mundialista y hogar del popular y últimamente exitoso Schalke04, el equipo "minero".
Llego tempranísimo al Veltnis Arena, que podría pasar por nave espacial en lugar de stadium. Es uno de los grandes orgullos de esta copa y tiene el lujo de albergar el segundo partido del mundial: Polacos contra Ecuatorianos. Ni Polonia ni Ecuador parten subtitulados como favoritos, pero el mundial no lo juegan solamente Brazil o Inglaterra. Eslavos y Sudamericanos se ven frente a frente y entablan discusión en un idioma que es más fácil que entender que el inglés: fúbol.
Frente al Ticket Center hay unos cuantos ecuatorianos debidamente uniformados y una montonera de polacos apostados. Esperan desde las 6 de la mañana con la esperanza de poder comprar una entrada. Todo ha sido vendido hace meses, así que su única esperanza es encontrar revendedores. Uno nunca sabe. Aprovechando que son multitud, los polacos hacen bulla y cantan su grito de guerra: POLSKA! POLSKA! POLSKA! La respuesta es inmediata, pero menos ruidosa. La barra brava necesita refuerzos. Los polacos siguen llegando, con desubicados incluídos. Uno parece haber celebrado antes de tiempo y conversa con los guardias aunque estos no entiendan una palabra de lo que dice. Por las risas de los otros polacos debe decirles algo poco convencional.
Después de 4 horas de plantonear se abre el Ticket Center y la mitad de los polacos se retira desilusionada: "Sorry, no tickets for sale, Ausverkauft!". Pero en la ciudad hay fiesta en las calles y se ha organizado un "FanFest" con mucha cerveza, chorizo y pantallas gigantes para ver los partidos.
A mi por suerte no me despachan. "Cual es su nombre?" "Ah perfecto, tenemos el ticket para usted, aquí está". Maravilla. Ticket en mano, tengo licencia para distraerme un poco en Gelsenkirchen. Obviamente no hay hoteles disponibles en toda Alemania así que debo merodear todo el día. En las calles hay mil stands de comida y el doble de bebida. Mesas dispuestas en las calles y los polacos festejando como en casa. Todo el tiempo entonan sus canciones y hurras: POLSKA POLSKA. El eco de los ecuatorianos es eventual pero aparece de tanto en tanto. Mientras tanto los teutones aprovechan que todo el mundo los visita y muestran sus gentilezas. Hay unas tarimas y unos grupos cantan unas músicas extrañas, mezcla de polka y pop. No se si será normal que la gente escuche eso, en todo caso aquí estoy de invitado así que mejor no me quejo.
Luego de entretenerme y hastiarme de escuchar los cánticos polacos tomo el UBahn al estadio. Todo el mundo está de uniforme. Rojiblancos contra amarillos. Caras pintadas, sombreros estrafalarios, banderas y mas banderas. Un polaco hace su agosto pintando caras. Los mas cautos se hacen dibujar banderas en las mejillas. Los calvos aprovechan para untarse de mentón a nuca con los colores de su patria. Mi indumentaria neutral me delata como ajeno. Ni polaco ni alemán ni ecuatoriano. De qué planeta viene usted?
Ahora los ecuatorianos parecen haber aumentado. Alex Aguinaga está por ahí, esta vez como expectador. Todo el mundo rodea el stadium. Es como tener dos ejércitos que sitian un castillo, forman aglomeraciones alrededor y bombardean con gritos de todos los tipos, cada uno tratando de imponerse sobre el otro. Pero están ahí los guardias y los volutarios de la FIFA. Algunos se ven nerviosos, es el primer día del mundial así que todo se puede esperar. Pero tratan de controlar lo mejor posible. Por lo menos a los primeros que ingresan les revisan todo, verifican nombre en el pasaporte, abren todas las mochilas y bultos, manosean a gusto e impiden ingreso de filmadoras. Pero luego de una hora de tan tediosa tarea se ven mas permisivos. Los alemanes también se cansan, por lo menos un poquito.
Mejor lugar no puede haber, platea alta de general justo al medio. El césped se ve impecable, y el techo del estadio está semi-abierto, con un monitor cuadruple colgando. Todas las miradas se dirigen a él cuando se inicia el partido inaugural en München. Aunque los polacos son mayoría, hay también germanos que quieren ver cómo su selección se deshace de Costa Rica. Pero ese es solamente el preludio para lo que realmente interesa a la mayoría de los presentes. Los polacos gritan mas fuerte que nunca y extienden sus bufandas en movimientos sincronizados. POLSKA POLSKA POLSKA. Ahora los ecuatorianos, apostados en la esquina de una curva intentan darles batalla. De repente todos eloquecen al ver entrar a los equipos.
Hurtado y Bak capitanes. De la Cruz, Tenorio y Delgado por un lado. Zurawski, Szymkowiak y Smolarek del otro. Dos naciones tan distantes en todo sentido, tan difícilmente relacionables, tienen que por lo menos enterarse -mutuamente- que existen. 90 minutos de tensiones, coros, gritos, luces y por supuesto goles! Tal vez los goles no fueron del agrado de los polacos, que se vieron enmudecidos por la efectividad de Tenorio y Delgado. Pese a los palos de Smolarek Polonia se queda atrás en el marcador y los eslavos lloran. Y no en sentido figurado. Algunos se quedan meditando en su asiento,media hora después del final del partido, con lágrimas en los ojos y una cara de "no entiendo cómo pudo pasar esto". El contraste con la fiesta ecuatoriana es evidente, todos sacan bombos de algún lado y se preparan para lo inevitable: "Vaaaamos, Ecuatorianos, está nocheeee, vamos a chupaaaar! ". No creo que ese cántico requiera una interpretación.
Haciendo uso del muy suizo principio de neutralidad, celebro el fútbol cuando es bueno y hoy brindo con los ecuatorianos. Ésta copa tiene todo para ser una de las buenas. Salud y buen mundial.
A una semana del inicio de las hostilidades fui a dar una vuelta de inspección a la región sureña de Baden-Württemberg. Por suerte los trenes InterCity que parten de Basel y atraviesan el occidente alemán son suficientemente nuevos, cómodos (y por ahora) vacíos. Por lo menos antes que las multitudes invadan sin piedad a los teutones.
Parece que el fútbol también ha obligado a aumentar un poco el control fronterizo. Esta vez por lo menos pidieron pasaportes. Y como es la costumbre en estos europeos, ver el pasaporte boliviano les causa la misma impresión que ver a Lázaro saliendo de la tumba.
Luego la una fría y lluviosa madrugada de viaje aparecí en la estación de Stuttgart, en la que todo estaba pintado de fútbol. Saliendo a la calle se veía aun más fútbol. En cada tienda, ya sea deportiva, de perfumes, panadería, incluso farmacia, abundaban los balones y las banderas, las mascotas mundialistas y los rostros de Pelé, Ballack o Ronaldinho.
Altes Schloss y Neues Schloss
Stuttgart comenzó como corral de caballos (yeguas) - de ahi el nombre Stutengarten- pero con los años llegó a convertirse en una de las ciudades referente del rompecabezas germano. Como otras ciudades de Alemania, Stuttgart sufrió daños catastróficos durante los bombardeos de la segunda guerra. Por eso casi la totalidad de la ciudad antigua ha desaparecido. Sin embargo se han hecho grandes esfuerzos por reconstruir y reponer algunos de los monumentos históricos mas importantes. Es ese el caso del renacentista Altes Schloss y el fantástico palacio "Neues Schloss", que tiene sus techos coronados por hileras de estatuas macizas representando personajes míticos. Ambos edificios rodean la Schlossplatz, que es una de las pocas plazas de verdad que he visto últimamente en estos lugares.
Opera de Stuttgart
Stiftskirche
También es digna de mención la iglesia mediveal gótica "Stiftskirche", con sus dos peculiarmente distintas torres, y contrastada por la multitud de edificios modernos que la rodean. Detrás de la Stiftskirche está la Schillerplatz, en la cual por supuesto destaca la estatua de Schiller, que es uno de los mas grandes "héroes" de la región. Del poeta filósofo y dramaturgo Schiller, la gente conoce principalmente la versión musicalizada del poema "An die Freude" (oda a la alegría), que forma parte del último movimiento ("coral") de la novena de Beethoven.
Schillerplatz
Algo interesante es que todo el centro de Stuttgart es básicamente peatonal, de modo que los motorizados desagradables quedan al margen del anillo histórico que encierra otros edificios de importancia como la ópera y las galerías (Kunstmuseum, Staatsgalerie) Prefiero no dar muchos detalles sobre ambas, no tiene sentido hablar mucho al respecto, hay que ver para creer ;) Solo mencionar que si se topan con una retrospectiva de Monet no la piensen dos veces, ni tampoco se dejen intimidar con la crudeza sin piedad de Otto Dix.
Schlossplatz y la columna dedicada al Kaiser.
Pero un orgullo regional que no puede ser dejado de lado es el automotriz. Daimler, Mercedes y Porsche suenan a algo? Stuttgart es una de las capitales del automóvil y en especial Mercedes quiere hacer esto evidente. Es por eso que hace muy muy poco abrieron el surreal Museo Mercedes que expone las máquinas que alguna vez hicieron historia, al mismo tiempo que da pistas de lo que se viene. (y al mismo tiempo aprovecha para vender baratijas a los visitantes incautos)
Museo Mercedes
Muy cerca del museo Mercedes está el Stadium Daimler, uno de los escenarios de las contiendas mundialistas. Guardias de seguirdad ya están ahi rodeando y verificando que todo está en orden. Y es que todo tiene que salir perfecto no?
Pero bueno, ye es suficiente con esto del fútbol. En todo caso no fui a Stuttgart por el fútbol.
Robert Johnson es el nombre de quien hoy es reconocido como el bluesman mas influyente de la historia. Como muchos artistas que van más allá del contexto cultural en que viven, Robert Johnson no conoció la fama en vida. Murió en 1938 llevando una vida acelerada y grabando apenas unas decenas de blues minimalistas que quedarían olvidados en los baúles durante algunas décadas. Algunas de las canciones que sobrevieron en los baúles, como Come on in my kitchen, Travelling Riverside Blues o Cross Roads Blues, llegarían a manos de nuevas generaciones de músicos que retomarían la inspiración del Delta Blues en los 60s. A Robert Johnson la celebridad llegaría post-mortem y sería aprovechada por otros individuos cuyos nombres pueden ser mas fácilmente reconocidos por la muchedumbre: Keith Richards y Brian Jones de los Stones, Jimmy Page, Jack Bruce o por supuesto Eric Clapton.
Clapton, declarado admirador de Robert Johnson está de gira en europa promocionando su útlimo disco Back Home. Fue entonces conveniente coincidir con él en la sureña ciudad germana de Stuttgart y disfrutar un poco del polifacético británico que ha estado en los momentos y lugares claves de la historia de la música popular occidental.
Abriendo como telonero estuvo Robert Cray y su banda, a fuerza de grooves y funk mezclados con una guitarra y teclados excepcionales. Excelente warm-up para luego ver entrar a quien es uno de los grandes referentes musicales de todos los tiempos.
Clapton empezó a abrirse espacio con John Mayall & the Bluesbreakers en los 60s, despertando la admiración de los grafiteros que sin temor escribían "Clapton is God" en los muros de Londres. Luego pasó a trabajar con los Yardbirds, aunque no duró mucho por negarse a separarse de sus orígenes blueseros. La ultrafama llegaría con Cream, acompañada de las tentaciones de la celebridad e innumerables disputas que destriparían la banda en apenas 2 años y medio. Luego Clapton se escondería bajo otros proyectos, todos de corta duración: Blind Faith, Derek & The Dominos, Delaney & Bonnie, y una infinidad de colaboraciones (Harrison, Lennon, Preston, etc). Luego se establecería como solista en los 70s, pasando por algunos olvidables episodios en los 80s hasta su regreso en 89 con Journeyman. A partir de entonces probó pop, blues puro, rock and roll, acústicas, incluso colaboraciones en funk. Pero a fin de cuentas Clapton es un bluesman, y eso se nota en el escenario. Hoy probablemente solo McCartney o Dylan llevan una carga histórica superior a la suya, así que hay que aplaudir.
EC entró con una fácil, Pretending, uno de esos movimientos pop bastate accesibles. Con la impresionante banda que tenía atrás no podían haber problemas. Dos guitarras de soporte, bajo, batería, un trío de brass por si acaso, 2 teclados y coristas. Durante la noche puso a consideración del público algo de su nuevo álbum Back Home: So Tired y la canción homónima Back home, una acústica muy bien elaborada. Algunas escondidas canciones como Everybody oughta make a change, Motherless Children y el fantástico blues de Robert Johnson Little queen of spades también tuvieron su lugar.
También -y para mi enorme satisfacción- regresó a las épocas de Derek & The Dominos con Got to get better in a Little While, la acústica I am Yours, Nobody Knows You e impredeciblemente Why does love got to be so sad.
Una mención especial merece Let It Rain, rescatada del primer álbum solo de Clapton (de hace unos 36 años mas o menos). Es una sensación especial ver relucir canciones que han pasado tanto tiempo olvidadas.
Y por supuesto también estuvo presente la serie de ultraclásicas: Old Love, Running on faith, After Midnight, Wonderful tonight, Layla (con solo final incluído) y la canción de JJ Cale -Cocaine- que hoy parece que pasó a manos de Clapton por usucapión.
Para terminar de reventar la noche salieron Calpton y Robert Cray en los encores con una versión a duo de Crossroads, la legendaria versión claptoniana de Cross Road Blues de Robert Johnson. Las malas lenguas dicen que la canción es una referencia a un supuesto pacto que hizo Johnson con el mismísimo diablo en un cruce de caminos. A cambio de su alma, Johnson recibió inigualables cualidades musicales... Pacto o no pacto la canción identifica a Clapton y es la mejor forma de cerrar su presentación.
Alguien suspicaz puede darse cuenta que prácticamente no hubo nada de la era Cream, pero esa es otra historia, y en este caso es mejor no mezclar...
Si. LA EPFL y el MIT colaboran estrechamente. Pero no se trata de liderar una revolución tecnológica. No, tampoco intercambios en los laboratorios. No, no es para hacer conferencias conjuntas. No, no es para organizar parrilladas conjuntas.
Se trata de una alianza musical :) El coro de la UNIL y la EPFL se ha presentado de manera conjunta con el coro del MIT en la mismísima catedral de Lausanne. Con el soporte de la orquesta Sinfonietta y la presencia de Moritz Leuenberger (el presi de la Confederación Helvética) los dos coros vendieron una espléndida interpretación de Ein Deutches Requiem de Brahms.
Ejecutada en el ambiente eclesiástico adecuado colmado de gentes casi tan diversas como las que conforman el coro, la pieza es remarcable por diferentes motivos. Uno de ellos es el hecho que antes que un intento por llorar religiosamente a los muertos es una oda de reconfortamiento para los vivos. De hecho la obra rompe con la liturgia tradicional de los requiems "clásicos". Otro elemento que resalta es el idioma germano en lugar del monástico latin (es decir que no hay lacrimosa ni nada de lo habitual). Por cierto me pregunto cuantos de los ejecutantes entonaban el canto en su propia lengua...
Es bueno saber que alguien destina tiempo - y por supuesto dinero- a este tipo de cosas, en momentos en los que parece ser mas importante estar prendido de una tonta computadora posteando en un tonto blog ;)
Seguramente todo el mundo ya la ha escuchado, pero no por eso esta emisión deja de ser interesante.
La adaptación radial de la Guerra de los Mundos, por Orson Welles a su tropa The Mercury Theatre, es recordada por haber tomado el pelo a mas de un radioescucha americano. Se dice que se reportaron miles de llamados solicitando protección ante el inminente ataque extraterrestre.Otras personas supuestamente sufrieron ataques de shock e histeria.
El asunto es que la adaptación de Welles -por lo menos en la primera parte- simula una aburrida emisión cotidiana siendo interrumpida por una ola de sucesivamente mas serias "breaking news".
Aparte de los mitos, queda el testimonio de los periódicos del día siguiente, incluyendo el New York Times, que relatan como algunas familias de New Jersey buscaban refugio ante los "ataques de gas" marcianos.
En el contexto de la competencia entre la radio y la prensa escrita de los años 30, se cree que la reacción de los diarios fue deliberadamente exagerada. Aun bajo esa suposición, lo cierto es que la emisión de Welles no pasó desapercibida.
De vuelta en London. Unos anuncios de alerta de fuego en un sector del metro hicieron el trayecto London-Luton un tanto caótico. De cualquier modo resulta interesante tener que hacer el pequeño trayecto a Luton solamente para llegar al aeropuerto. En el camino uno puede efectivamente ver “the green and pleasant land”, como dice la canción. Según relatan antiguos registros históricos, los mismos romanos se sorprendieron de la verdura de los campos y el agua en abundancia de las islas británicas.
El cambio de horario me dejó algo aturdido, pero unos buenos cafés me devolvieron el color. A nombre de la huelga que iniciaron mis lastimados pies, me interné en el laberinto que es el “underground” londinense y luego de extrañas combinaciones aparecí en Trafalgar Square. Lamentablemente la columna de Nelson estaba en reparaciones así que tuve que conformarme con ver los andamiajes. Una pena no poder saludar al mítico y mutilado Lord Nelson, tal vez el héroe militar más recordado por los amigos ingleses. La fama de grandes héroes a veces está ligada a grandes contrincantes. Nelson tuvo al frente a la marina francesa en una época en la que el genio militar de Napoleón comandaba el hexágono. Nelson estuvo al mando en la decisiva y terrible batalla de Aboukir, en la que la flota francesa en Egipto fue eliminada, obligando a las tropas a quedar ancladas en el Delta del Nilo. Napoleón logró escabullirse de algún modo y regresó a Francia para tomar el poder. Como trágica consecuencia de sus múltiples batallas, Lord Nelson había perdido un brazo en Tenerife, por salvarse de la gangrena. Además, perdió un ojo en Nápoles y llevaba un sinnúmero de cicatrices en otros lugares. Aún así y en mal estado de salud, Nelson fue continuamente promovido y enviado a misiones especialmente importantes. En 1805 comandó la flota inglesa contra los franceses en la Batalla de Trafalgar. Aun siendo superado en número por los navíos franceses y españoles, Nelson condujo a los británicos a una victoria fundamental. La derrota suponía a Napoleón el abandono de sus planes de invasión a Inglaterra y lo obligaba a continuar la aventura continental. Pero Gran Bretaña pagaría cara la victoria con la vida de Lord Nelson. Un francotirador acertó a clavarle una bala que llegó a destrozarle la espina. Según dice la leyenda, su cuerpo fue preservado en un barril de brandy en el camino de vuelta a Inglaterra. Una vez allí recibió un entierro ceremonial, de los que solo están permitidos a los miembros de la realeza, en la Catedral de St. Paul. Todas esas cosas se recuerdan cuando uno pasa por Trafalgar Square.
Pero ahí mismo está la National Gallery, que no puede ser pasada de largo, así que procedí a entrar. Una exposición temporal de “Americans in Paris” mostraba la connotación de capital cultural que ostentaba la metrópolis francesa a principios del siglo XX. Los impresionistas americanos sentían la extrema necesidad de ir a Paris para buscar reconocimiento. Por más que ganaran laureles en New York, no se sentían realizados hasta exponer sus obras en el “Salon de Paris”. La colección permanente de la National Gallery es obviamente extensísima. Abarca desde la simbología religiosa medieval hasta los colores de Turner. Como siempre, de manera inexplicable uno se encuentra con algunas obras selectas de Raffaello y Leonardo Da Vinci (La Virgen de las Rocas) en los lugares en los que menos se espera. No puedo decir lo mismo de Rubens. Me pregunto cuanto dinero habrá amasado luego de trabajar durante tanto tiempo y para tantos monarcas. A Rubens se lo encuentra en toda Europa y en cantidades industriales. Particular atención al “Juicio de Paris”, en la que aparecen tres rebosantes figuras femeninas representando a Hera, Atenea y Afrodita. Pienso en los griegos y en las historias que inventaban para justificar sus guerras. Las excusas de hoy en día no son menos absurdas después de todo. Los holandeses tienen un lugar especial en cualquier galería de arte del mundo. Luego del renacimiento italiano, los holandeses volcaron su atención a representar temas mundanos y simples, tal vez como consecuencia de la reforma y el protestantismo, que les obligaba a dejar de lado los temas religiosos. La deprimente sencillez villana de la época se mezcla perfectamente con la maestría en el uso de las sombras, y el resultado es espléndido, Rembrandt y Vermeer a la cabeza.
Y por supuesto está Turner, para hinchar de orgullo a todos los ingleses. Maestro insuperable del color, de las formas y las luces que se funden. Capaz de hacer aparecer navíos de entre la niebla, de retratar Venecia en un ataque de pinceladas difusas, de fotografiar un atardecer a bordo de un velero en alta mar. Dicen que es un precursor del impresionismo. Tal parece que era uno de esos geniales desubicados que se impacientan y nacen antes de lo debido.
Trafalgar Square y The National Gallery
Luego de algunas horas más en la National Gallery y luego de pasar un tiempo al lado de Van Gogh y Degas, me di una vuelta por St. James Park y Hyde Park. La Union Jack flameaba a lo largo de la vía que conduce a Buckingham Palace. La reina celebraba otro año más al mando de los británicos. No está realmente al mando, pero la simbología sigue siendo vital para nuestra rara especie. Buckingham Palace, la figura de la Reina Victoria…increíble que la tradición sea tan fuerte aún en países que llevan la vanguardia en tantas cosas.
Buckingham Palace
Los edificios del parlamento no reciben visitas de extraños. Al borde del Thames, el complejo está resguardado por la figura ecuestre de Richard “Coeur de Lion”, por Oliver Cromwell y por supuesto la guardia policial. Mientras tanto el Big Ben recuerda a los pasantes que el tiempo no perdona, aunque lo hace a su estilo elegante, con esa tonadita particular que todo el mundo se ha esmerado en copiar. La solemnidad de la torre del reloj se enfrenta cara a cara con la tecnología del London Eye, que se ha convertido en estación obligatoria de todo visitante. Y no es una mala idea subir a una de esas cápsulas transparentes que giran lentamente y sin cesar, mostrando a los pasajeros un atardecer en London desde las alturas.
El puerto de Atenas es Pireos. En el pasado se trataba de dos ciudades distintas pero hoy resulta difícil decir donde empieza una y termina la otra. Al salir de la estación de trenes de Pireos uno se topa directamente con el mar y una colección de embarcaciones para todos los gustos. Así, como si se tratara de viaje en flota, se venden tickets de todos los tipos imaginables, en pequeñas oficinas una al lado de la otra frente al muelle.
Semejante movimiento y el canto de las sirenas que devoran a los marinos incautos me obligó a dirigirme a una de esas oficinas y de algún modo terminé con un boleto en la mano. Ya que mi estadía en las épicas tierras helénicas no podía durar demasiado tomé un delfín (así llaman a esas embarcaciones) en dirección a una de las islas Sarónicas que están entre Ática y el Peloponeso: Hidra. Siguiendo las instrucciones griegas de la tripulación procedí a encontrar mi butaca, que me tuvo que aguantar durante unas cuantas horas de viaje.
Llegando a Hidra a bordo de un delfín.
Hidra es una pequeña isla alargada que vive casi exclusivamente del turismo. No solamente del turismo extranjero sino del turismo griego. Especialmente en pascuas, los atenienses se lanzan desesperadamente a los archipiélagos en busca de un poco de tranquilidad y ocio. La isla posee solamente un poblado que es precisamente el puerto de Hidra. Aparte de ese pequeño pueblo solamente hay pequeñas propiedades regadas en el resto de la superficie insular. Al llegar al puerto, Hidra recibe a los barcos exhibiendo antiguos cañones que seguramente fueron utilizados hace mucho tiempo en época de guerras contra los turcos. Hoy no queda ningún indicio de conflicto alguno, Hidra es un sinónimo de paz absoluta. La reglamentación de la isla prohíbe la circulación de vehículos motorizados, así que la gente está obligada a usar sus pies o un efectivo equipo de mulas que está a disposición. Al no haber automóviles ni motos ni camiones, al interior de la isla no hay vías pavimentadas, todo camino es empedrado, ripiado o simplemente en tierra.
El puerto de Hidra.
Pronto vi que uno de esos caminos enterrados tomaba una dirección errabunda, así que no pude resistir seguirlo. Luego de saciar el hambre con un efectivo Pita sándwich, fui a recorrer la costa de Hidra en compañía de unas mulas que pasaban por ahí. Luego de algunos kilómetros de marcha y adentrándome un poco en el territorio, pude notar que los lechos de arroyos y riachuelos estaban totalmente secos. Irónico para una isla que tiene por nombre Hidra. Mas tarde pude evidenciar que la isla se aprovisiona de agua por medio de barcos cisterna que llegan periódicamente del continente.
A medida que uno se aleja del puerto los ruidos de la gente son reemplazados por un silencio falso que en realidad es una combinación de otros ruidos más sutiles. Por ejemplo el sonido del enjambre de abejas que parecían demasiado ocupadas como para tratar de picarme. O aquella conversación entre pajarracos griegos a los que entiendo en igual medida que a sus colegas humanos. También los pasos de las mulas que no se dignan en mirar al caminante extranjero que se pasea maravillado. Pero por supuesto también está el sonido que hace el mar cuando golpea la rocosa costa de Hidra. Las pequeñas playas de Hidra son salvajes, pedregosas y llenas de rocas. Son espacios reducidos en los que el hombre puede conversar con Poseidón y pedirle que en el próximo viaje no convoque a la furia de las aguas ni provoque la ira de Ceto.